Iba yo de peregrino y me cogiste de la mano. No, en serio.
Iba yo tan feliz y contento, pero sobretodo tan sudado después de estar media hora cara al sol, por supuesto, sin la camisa puesta, a pegarme un baño refrescante, cuando de repente, una pequeña pero firme corriente me quitó las chanclas de mis pies, sufrí un pequeño percance, y así sin quererlo ni beberlo, un erizo quiso perder parte de su anatomía para dejarla incrustada en mi dedo gordo del pie derecho.
No le dí la mayor importancia, pensé que me había raspado con una roca y listo, así que proseguí con mi feliz baño refrescante. Nadé y nadé, hasta que lógicamente me cansé y salí.
Al salir, y volver a poner los pies sobre tierra firme, un dolor inhumano empezó a acrecentar en mi pie. Era un dolor insoportable, pero había ido solo a la playa, a desconectar de este sistema tan hijoputa que nos machaca sin cesar, y a broncear mi escuálido cuerpo bajo el sol; cabizbajo me dirigí a la toalla, y cagándome en todo recogí mis bártulos y me fui a punto de llorar ante la impotencia de no poder gritar "ostia puta que daño joder!!".
A toda velocidad me dirgí a mi ambulatorio, para que de alguna manera me sacaran los pinchos del erizo y cesara así el horrible sufrimiento. Sorpresa la mía, cuando la respuesta del doctor fue simplemente que los dejara ahí estar, que con el tiempo el cuerpo los expulsaría, y que esa era la mejor opción, porque la de hurgar con una aguja podía tener unos resultados realmente catastróficos.
La semana pasada sufrí unas anginas que me dejaron más patitieso, que las patas de Ally Mc Beal. Pero avispado de mi, nada más las vi venir empecé a tomar los antibióticos necesarios y justo en una semana ya las había expulsado totalmente de mi garganta.
Esa misma noche, después de ganar la batalla contra las miserables placas de pus que tan gustosamente se habían asentado en mis anginas, me dormí sin darme cuenta con el aire acondicionado puesto, lo que hizo que al día siguiente me levantara con un resfriado que ni la Duquesa de Alba tras la muerte de Sara Montiel, alías "pero que pasa que invento es este".
No tuve otra opción que abandonar las Urgencias y volver a casa, no sin antes pararme por el supermercado para comprar unos trozos de carne que necesitaba para preparar un caldo que me serviría para cocinar un arroz caldoso, inspirándome en las dotes culinarias de mi abuela Pepita Noguera. Puigcerver, para quién precise saber su segundo apellido.
Por que así soy yo, de repente cocino.
De camino en moto, empecé a pensar que alguien me había echado un mal de ojo. Alguna gitana me ofrecería romero, y yo se lo negaría. No sé que pudo pasar, pero a mi me ha mirado un tuerto, o mucho peor, ha caído alguna maldición sobre mi
Empecé a pensar como curarme de esta maldición, y de repente me vino una imagen a la mente que paralizó todos mis sentidos.
Las tres embrujadas, en el primer capítulo, cogidas de la mano y gritando " el poder de tres, nos liberará, el poder de tres nos liberará, el poder de tres nos liberará".
Ha sido instantáneo, tras esta visión, una carcajada me ha salido sin poder controlarla. Yo, solo en la moto, y riéndome como un condenado. Condenado a que? no sé, pero condenado. Tenía mucha risa, y no paraba de reír.
Las embrujadas. Ahí estaban ellas, ayudándome a a combatir el mal de ojo.
La risa ha sido tanta, que no podía quedar ahí. Justo al aparcar, antes de entrar al supermercado, he empezado a ver el whatssap, para ver con quién podría compartir ese subidón de risa que tenía. La víctima ha sido Andreu, un buen amigo, que comparte los mismos gustos televisivos que yo, y sabía que no me fallaría.
Aquí la conversación.
Yo: El poder de tres nos liberará, el poder de tres nos liberará.
Jajaja, me ha venido esto a la cabeza, que gracioso soy.
Andreu: tu eres page no? Yo quiero ser phoebe que ( esto no lo puedo copiar XDD)
Page no, prue que era la original.
Y: jajaja, ay me meo, yo prue que movia cosas. O Piper, que detenía el tiempo
A: te imginas que pudieras hacer lo que ella en Amnesia que se desdoblaba y aparecía en otro sitio?
Y: se desdoblaba jajajaja . Estoy en el mercado y no me aguanto la risa.
A: ay si, ens faltaria Piper per a parar el temps en Amnesia y solo descongelarnos a nosotros y al Dj. Bueno, y a un parell de gambes també. Lo del mercao te ha quedado de señoras que...
Y: Tousché.
Esta conversación, tan genuina y cargada de humor celestial en cada una de sus palabras, tenía lugar mientras yo me paseaba por el mercado, y le preguntaba a la carnicera que carnes podía poner para que se me quedara un caldo más allá de lo supremo, y mientras la chica de delante de mi en la caja, se olvidaba media compra en la cinta y se iba tan ancha.
Al ver tal movimiento, le dije con toda mi risa cumulada que se olvidaba medía compra por pasar, y que una semana anterior, a mi me había pasado lo mismo y que aluciné cuando llegué a casa y comprobé que me faltaban varios productos que tanto me habían costado decidirme por ellos. Fue una putada, porque justamente me había olvidado los mejillones y los langostinos que se me habían antojadas, y tuve que conformarme con una mierda de lata de berberechos, que no olvidé.
Los allí presentes, no entendieron porque me causaba tanta gracia ese hecho, y es que en verdad, dejarse media compra olvidada, no tiene nada de gracioso, pero fue la escusa perfecta para descargar tanta risa acumulada en mí, porque no creo que a ellos les hubiera hecho gracia lo de las Embrujadas.
Bueno, ni a ellos, ni seguramente a nadie que no fuera Andreu.
Así que pagué mi compra, y salí del supermercado, con la sensación de que todos pensaban que o estaba más fumado que los guionistas de Lost, o era un niño retrasado. Porque si, yo creo que la gente me mira como a un niño todavía.
Y en fin, esta ha sido mi mañana de hoy, gracias al erizo, a las Embrujadas, y a Andreu por hacer de una mañana normal, en una mañana que jamás olvidaré.
A veces creo que no soy más que un muñeco en la mente de Elvira Lindo.
viernes, agosto 16, 2013
miércoles, agosto 14, 2013
Máscaras.
Piensa que te pensaré. No sabéis la de pensamientos que han rondado todo este tiempo por los entresijos de mi siempre sorprendente mente. Este verano esta siendo un sin fin de pensamientos, luchando todos entre ellos a ver cual es mejor que el otro.
Pero como yo les digo, ninguno es mejor que otro, todos me aportan algo diferente, y todos contribuyen a que mi conocimiento personal, vaya en aumento sin cesar.
Con cada pensamiento, me conozco más a mi mismo, a mis límites y posibilidades, y es que según mi propia filosofía, uno alcanzará todo aquello que se proponga cuando realmente se conozca a si mismo.
Somos personas solitarias, huimos de algo que no sabemos exactamente lo que es, y puede que no queramos ver, que de aquello que huimos somos nosotros mismos.
No hablo de todas las personas, obviamente. Hablo de mi mismo, y de aquellos que un día se fueron de casa.
La otra noche salí de fiesta, con dos amigos, y por motivos de salud, solo bebí una Cocacola. Las anginas, volvieron a visitarme, pero esta vez las ataqué a tiempo y con rapidez, y no quería que nada ni nadie interrumpiera mi batalla contra ellas. Así que allí me vi, en medio de un festival, rodeado de conocidos, y dándole a mi mente uno de sus mayores placeres. Un alrededor perfecto para ser analizado, estudiado, y sacar conclusiones. Actividad que tanto me gusta hacer, para después compartir mis nuevos conocimientos con otros seres humanos.
Aunque suelen ser tan desgarradoras mis conclusiones, que no dan pie a crear una larga conversación, pues son tan ciertas que poco más hay que añadir.
Todos los allí presentes, teníamos algo en común. Nadie era de aquí. Todos, por unos motivos u otros hemos abandonado el nido. Estamos solos. Nos conocemos todos, sabemos quienes somos, pero somos desconocidos en el fondo.
Somos personas solitarias que huimos de algo. Cada uno tiene su motivos, motivos personales que diría Lydia Bosch. Y es que con Bosch, tu cocina es la mejor. Pero dejando el humor a un lado, esa conclusión fue la que saqué allí en medio de la fiesta.
Lobos solitarios que abandonamos nuestro hogar, y coincidimos durante 4 o 5 meses en Ibiza, creando una falsa ilusión de familia. Porque aunque solitarios, necesitamos querer y ser queridos, aunque para ello tengamos que recurrir a una falsa realidad.
Como dice una muy buena amiga, entre invisibles nos vemos.
Este pensamiento, me dio mucho juego. Pues de aquí, surgían otros sin parar. Y es que todo solitario esconde un oscuro interior. O al menos, en mi caso.
Una vez leí una frase que me dejó patitieso, y que decía algo así como que no hay mayor temor, que los propios pensamientos de uno. Solo uno sabe de lo que es capaz y de lo que esconde dentro de su cabeza. Todos tenemos una máscara, un personaje que interpretamos constantemente en este teatro que vivimos, y que solo nos quitamos una vez llegamos a casa.
Con pocas personas llegamos a quitarnos esa máscara, y son esas personas, con las que dejas de interpretar a tu alter ego, las que llamamos amigos. Es muy difícil, quitarte el disfraz y ser tu mismo, por eso la famosa frase de que los amigos se cuentan con los dedos de una mano, y a veces, te sobran dedos.
También leí, que la vida es como el trayecto de un bus. Subes, pero sabes que algún momento llegará la parada final, y durante el trayecto subirán y bajaran otras personas que compartirán ciertos tramos del trayecto. Por suerte, en mi trayecto personal, han subido y han bajado muchas personas, pero estoy agradecido a todas y cada una de ellas, pues cada persona me ha aportado los recursos necesarios para crecer como ente en ese momento.
Siempre, a lo largo de mi vida, ha habido una o varias personas con las que he podido compartir el momento sin máscara alguna, y eso es algo de lo que estoy muy agradecido.
Creo que con cada persona que se sube en tu trayecto, hay un intercambio de energía, conocimiento y sabiduría, que finaliza cuando se ha exprimido al máximo, y llega el momento de cerrar un ciclo y empezar uno nuevo con otras personas.
No es que lo crea, lo sé. Y es la conclusión que saco tras analizar todas las personas que han compartido un espacio tiempo en mi vida.
Y como siempre, todo acaba envolviendo a Ibiza. Y es que aunque estemos solos, no tengamos familia, y seamos unos desconocidos para la mayoría, Ibiza nos permite quitarnos el disfraz que llevamos puesto, y dejar en casa a nuestro personaje. Y como dice la persona que se acuesta y se levanta cada día a mi lado, en Ibiza todos tenemos el tejado de cristal, así que quién este libre de pecado, que tire la primera piedra. Pero con cuidado.
Pero como yo les digo, ninguno es mejor que otro, todos me aportan algo diferente, y todos contribuyen a que mi conocimiento personal, vaya en aumento sin cesar.
Con cada pensamiento, me conozco más a mi mismo, a mis límites y posibilidades, y es que según mi propia filosofía, uno alcanzará todo aquello que se proponga cuando realmente se conozca a si mismo.
Somos personas solitarias, huimos de algo que no sabemos exactamente lo que es, y puede que no queramos ver, que de aquello que huimos somos nosotros mismos.
No hablo de todas las personas, obviamente. Hablo de mi mismo, y de aquellos que un día se fueron de casa.
La otra noche salí de fiesta, con dos amigos, y por motivos de salud, solo bebí una Cocacola. Las anginas, volvieron a visitarme, pero esta vez las ataqué a tiempo y con rapidez, y no quería que nada ni nadie interrumpiera mi batalla contra ellas. Así que allí me vi, en medio de un festival, rodeado de conocidos, y dándole a mi mente uno de sus mayores placeres. Un alrededor perfecto para ser analizado, estudiado, y sacar conclusiones. Actividad que tanto me gusta hacer, para después compartir mis nuevos conocimientos con otros seres humanos.
Aunque suelen ser tan desgarradoras mis conclusiones, que no dan pie a crear una larga conversación, pues son tan ciertas que poco más hay que añadir.
Todos los allí presentes, teníamos algo en común. Nadie era de aquí. Todos, por unos motivos u otros hemos abandonado el nido. Estamos solos. Nos conocemos todos, sabemos quienes somos, pero somos desconocidos en el fondo.
Somos personas solitarias que huimos de algo. Cada uno tiene su motivos, motivos personales que diría Lydia Bosch. Y es que con Bosch, tu cocina es la mejor. Pero dejando el humor a un lado, esa conclusión fue la que saqué allí en medio de la fiesta.
Lobos solitarios que abandonamos nuestro hogar, y coincidimos durante 4 o 5 meses en Ibiza, creando una falsa ilusión de familia. Porque aunque solitarios, necesitamos querer y ser queridos, aunque para ello tengamos que recurrir a una falsa realidad.
Como dice una muy buena amiga, entre invisibles nos vemos.
Este pensamiento, me dio mucho juego. Pues de aquí, surgían otros sin parar. Y es que todo solitario esconde un oscuro interior. O al menos, en mi caso.
Una vez leí una frase que me dejó patitieso, y que decía algo así como que no hay mayor temor, que los propios pensamientos de uno. Solo uno sabe de lo que es capaz y de lo que esconde dentro de su cabeza. Todos tenemos una máscara, un personaje que interpretamos constantemente en este teatro que vivimos, y que solo nos quitamos una vez llegamos a casa.
Con pocas personas llegamos a quitarnos esa máscara, y son esas personas, con las que dejas de interpretar a tu alter ego, las que llamamos amigos. Es muy difícil, quitarte el disfraz y ser tu mismo, por eso la famosa frase de que los amigos se cuentan con los dedos de una mano, y a veces, te sobran dedos.
También leí, que la vida es como el trayecto de un bus. Subes, pero sabes que algún momento llegará la parada final, y durante el trayecto subirán y bajaran otras personas que compartirán ciertos tramos del trayecto. Por suerte, en mi trayecto personal, han subido y han bajado muchas personas, pero estoy agradecido a todas y cada una de ellas, pues cada persona me ha aportado los recursos necesarios para crecer como ente en ese momento.
Siempre, a lo largo de mi vida, ha habido una o varias personas con las que he podido compartir el momento sin máscara alguna, y eso es algo de lo que estoy muy agradecido.
Creo que con cada persona que se sube en tu trayecto, hay un intercambio de energía, conocimiento y sabiduría, que finaliza cuando se ha exprimido al máximo, y llega el momento de cerrar un ciclo y empezar uno nuevo con otras personas.
No es que lo crea, lo sé. Y es la conclusión que saco tras analizar todas las personas que han compartido un espacio tiempo en mi vida.
Y como siempre, todo acaba envolviendo a Ibiza. Y es que aunque estemos solos, no tengamos familia, y seamos unos desconocidos para la mayoría, Ibiza nos permite quitarnos el disfraz que llevamos puesto, y dejar en casa a nuestro personaje. Y como dice la persona que se acuesta y se levanta cada día a mi lado, en Ibiza todos tenemos el tejado de cristal, así que quién este libre de pecado, que tire la primera piedra. Pero con cuidado.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)