martes, marzo 11, 2014

Ser Valencià.

Nunca he entendido mucho la fascinación por nuestra cultura y/o gastronomía. Y no me malinterpretéis, mis feroces pensadores. 
Yo como parte activa y ingrediente principal de esta nuestra cultura, creador de ella al misma tiempo, así como todos y cada uno de vosotros, modificándola y adaptándola al paso de eso llamada tiempo, estoy orgulloso de nosotros y de nuestra forma de ser.
Nuestra historia me parece más que nada despreciable, deleznable, y sobretodo bochornosa, pero no reniego de ella. Hoy somos lo que somos gracias a lo que hemos pasado, y hemos vivido. Ella es la que nos ha transformado en lo que somos hoy en día, y pienso que absolutamente la mayoría de españoles somos gente buena y de buen corazón. Como colectivo, estoy orgulloso de la sociedad que formamos.
Y es que como ya se sabe, no nos representan. Y todo lo mal que pueda estar ocurriendo en España, no es mas que un reflejo de ellos mismos, una minoría capaz de ensuciar y avergonzar a toda una sociedad.
Si, es verdad, estoy orgulloso de nosotros, de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, de algunas más que otras por supuesto, y de nuestra gastronomía. Pero tan espectacular es que millones de personas en el mundo nos visitan año tras año, y siguen enamorándose una y otra vez de nosotros? La paella esta buena. Muy buena, sobretodo la de tu abuelo, o la de tu abuela. Pero vamos a ver, tan tan tan buena? Las Sevillanas, por ejemplo. Vale, es un baile bonito, supongo, pero tan bonito como para que haya escuelas incluso en Japón? Esta es una pregunta que siempre me ha rondado la cabeza. En serio el resto del mundo me conoce por las sevillanas?
Nunca lo he entendido la verdad. Pero la verdad que algo tendremos, algo que enamora a medio mundo, algo que hace que casi 60 millones de persones nos visiten cada año, algo que nos convierte en el cuarto destino mundial, que no cuesta leerlo ni tampoco decirlo, pero hablamos que somos los cuartos en una lista que recoge a un planeta entero con 7000 millones de humanos poblándolo al libre albedrío en ocasiones. Algo extraño e indescifrable tendremos cuando un programa de televisión alemana hace un vídeo dedicado a la Paella Valenciana, un vídeo bochornoso y entrañable a la par.
Yo la verdad no lo entiendo, y mira que lo pienso veces, y mas veces, pero no le encuentro ninguna explicación lógica a este fanatismo hacia nuestro país.
Será el clima, no lo sé. Lo que si sé, es que no podría estar más orgulloso de formar parte del país con más sentido del humor.
Pues solo nosotros, somos capaces de enviar a Chikilicuatre a Eurovisión, y descojonarnos en la cara de toda Europa.

Esto, y el rumor de Ricky Martin en Sorpresa Sorpresa, nos sitúa en lo alto como sociedad. En cuanto a humor, somos insuperables. Y el humor, como la paella: como en Valencia, en ningún sitio.

viernes, febrero 07, 2014

Tendiendo la ropa

Me encontraba yo tendiendo la ropa en el balcón de mi casa.
Hay días como hoy, en los que me encuentro encerrado en casa por culpa de mis amigas las anginas,  me pongo mi música de fondo, y hago algunas tareas de casa, como poner la lavadora, tenderla o limpiar la escurà que se dice en mi querida lengua materna.
No es que me entusiasme parecerme a mi madre o a mi abuela, pero al fin y al cabo son tareas necesarias para la supervivencia diaria, y se tienen que hacer. Lástima que no se nos enseñe desde bien nacidos, y demos por hecho que son tareas que deben realizar ellas, así que la ostia que nos diéramos al independizarnos no sería tan monumental y estresante.
Al final, cuando te centras en la música y en tus pensamientos, no esta tan mal, puede que hasta acabes una cosa, y ya que estas puesto sigas con otra y y luego otra, y acabes pasando una tarde de lo más fructífera solo con tus pensamientos, organizándolos y entendiéndolos.
Después de doblar toda la ropa que tenía tirada en el sofá, me he acordado que la lavadora había acabado hacía un par de horas, así que he cogido toda la ropa y me he dispuesto a tenderla.
El balcón da al puerto de Ibiza, y aunque en verano es una locura, música alta, y gente riendo, disfrutando, y bailando hasta las tres de la mañana, ahora es un desierto, y no hay ni una sola persona. Tan solo la calma del sonido del agua, mi música y las ramas de los árboles. Es curioso que una tarea como la tender la ropa, me haga recordar y disfrutar el lugar donde vivo.
De repente, he escuchado dos voces a lo lejos y he visto que se aproximaban dos jóvenes conversando. Estarían paseando al perro, dando un paseo o se habrían fumado un porro, eso solo lo sabrán ellos, pero el caso es que eran el único sonido que se escuchaba mientras tendía el uniforme del trabajo.
No tendrían más de 18 o 19 años, pero se les veía preocupados.

- Y que vais a hacer?
- No sé, pues mientras uno trabaje mantendrá al otro, mientras cobra algo de ayuda, y después cuando trabajemos los dos pues ahorraremos para cuando nos quedemos sin trabajo.
- Y si os quedáis sin trabajo dónde iréis?
- No sé.

Me ha parecido entrañable ver a dos jóvenes hablar sobre su futuro, sobre la vida que les espera fuera de casa, me ha recordado a mis primeros momentos en los que salía de casa y me disponía a sobrevivir en el mundo por mi mismo, sin la ayuda de nadie. Son momentos emocionantes, difíciles, pero sobretodo emocionantes, son una aventura en si mismo, y te sientes orgullosísimo cuando echas la vista atrás, y piensas en todo lo que has pasado y vivido, y que si, que lo lograste.
Pero no había emoción en estos jóvenes, había tristeza y resignación, de saber que no hay ninguna oportunidad de conseguirlo aquí en el país que viven.
He acabado de tender, y me he metido pensativo y triste. Triste por ver cual es el futuro de este país, si entre todos no decidimos parar esto.
Triste por sentir vergüenza ajena del país en el que vivo, y no poder sentirme orgulloso de él, de poder decirle al mundo entero que soy Español, y a toda honra. Triste por vivir en un país dominado por una mafia impune a todo. Triste por ver como pasito a pasito, y con cada vez menos disimulo se esta instaurando la misma España que durante la dictadura, con tal de proteger a una élite, y triste por los derechos que me quitan cada día transformándolos en privilegios.
Como en casa, no se siente uno igual. Nunca. Y es una pena que al final, antes o después, acabemos todos huyendo del país, o quedándonos aceptando un nivel de vida casi miserable. Y es una pena, porque somos la puta mayoría, y nos estamos matando y dejando la piel cada día para que unos impresentables e hijos de puta vivan ya no como reyes, si no como putos dioses intocables e inalcanzables.
Y me niego.