viernes, febrero 07, 2014

Tendiendo la ropa

Me encontraba yo tendiendo la ropa en el balcón de mi casa.
Hay días como hoy, en los que me encuentro encerrado en casa por culpa de mis amigas las anginas,  me pongo mi música de fondo, y hago algunas tareas de casa, como poner la lavadora, tenderla o limpiar la escurà que se dice en mi querida lengua materna.
No es que me entusiasme parecerme a mi madre o a mi abuela, pero al fin y al cabo son tareas necesarias para la supervivencia diaria, y se tienen que hacer. Lástima que no se nos enseñe desde bien nacidos, y demos por hecho que son tareas que deben realizar ellas, así que la ostia que nos diéramos al independizarnos no sería tan monumental y estresante.
Al final, cuando te centras en la música y en tus pensamientos, no esta tan mal, puede que hasta acabes una cosa, y ya que estas puesto sigas con otra y y luego otra, y acabes pasando una tarde de lo más fructífera solo con tus pensamientos, organizándolos y entendiéndolos.
Después de doblar toda la ropa que tenía tirada en el sofá, me he acordado que la lavadora había acabado hacía un par de horas, así que he cogido toda la ropa y me he dispuesto a tenderla.
El balcón da al puerto de Ibiza, y aunque en verano es una locura, música alta, y gente riendo, disfrutando, y bailando hasta las tres de la mañana, ahora es un desierto, y no hay ni una sola persona. Tan solo la calma del sonido del agua, mi música y las ramas de los árboles. Es curioso que una tarea como la tender la ropa, me haga recordar y disfrutar el lugar donde vivo.
De repente, he escuchado dos voces a lo lejos y he visto que se aproximaban dos jóvenes conversando. Estarían paseando al perro, dando un paseo o se habrían fumado un porro, eso solo lo sabrán ellos, pero el caso es que eran el único sonido que se escuchaba mientras tendía el uniforme del trabajo.
No tendrían más de 18 o 19 años, pero se les veía preocupados.

- Y que vais a hacer?
- No sé, pues mientras uno trabaje mantendrá al otro, mientras cobra algo de ayuda, y después cuando trabajemos los dos pues ahorraremos para cuando nos quedemos sin trabajo.
- Y si os quedáis sin trabajo dónde iréis?
- No sé.

Me ha parecido entrañable ver a dos jóvenes hablar sobre su futuro, sobre la vida que les espera fuera de casa, me ha recordado a mis primeros momentos en los que salía de casa y me disponía a sobrevivir en el mundo por mi mismo, sin la ayuda de nadie. Son momentos emocionantes, difíciles, pero sobretodo emocionantes, son una aventura en si mismo, y te sientes orgullosísimo cuando echas la vista atrás, y piensas en todo lo que has pasado y vivido, y que si, que lo lograste.
Pero no había emoción en estos jóvenes, había tristeza y resignación, de saber que no hay ninguna oportunidad de conseguirlo aquí en el país que viven.
He acabado de tender, y me he metido pensativo y triste. Triste por ver cual es el futuro de este país, si entre todos no decidimos parar esto.
Triste por sentir vergüenza ajena del país en el que vivo, y no poder sentirme orgulloso de él, de poder decirle al mundo entero que soy Español, y a toda honra. Triste por vivir en un país dominado por una mafia impune a todo. Triste por ver como pasito a pasito, y con cada vez menos disimulo se esta instaurando la misma España que durante la dictadura, con tal de proteger a una élite, y triste por los derechos que me quitan cada día transformándolos en privilegios.
Como en casa, no se siente uno igual. Nunca. Y es una pena que al final, antes o después, acabemos todos huyendo del país, o quedándonos aceptando un nivel de vida casi miserable. Y es una pena, porque somos la puta mayoría, y nos estamos matando y dejando la piel cada día para que unos impresentables e hijos de puta vivan ya no como reyes, si no como putos dioses intocables e inalcanzables.
Y me niego.