No sé cómo decirlo, ni explicarlo, para que el resto de la humanidad pueda llegar a entenderlo, porque esto de las relaciones y de la compatibilidad es algo tan complicado, que lo mejor sería que naciéramos con un chip incorporado, que cuando nos cruzásemos con otra persona , compatible con nosotros mismos, nos avisara. Atención, compatibilidad activada a noventa grados a la izquierda!! Sería lo más…pero sin el chip, no sé cómo explicar, que he encontrado la respuesta a la muerte.
Con esto del chip, podríamos hacer amigos en cualquier lado. Amigos, pero amigos de verdad, nada de conocidos o colegas habituales de cañas, porque para algo está el chip, para indicarte quién es compatible o no. A mí personalmente me vendría de maravilla, porque no os vayáis a pensar que es tan fácil conocer a gente como yo, de hecho no me viene ninguna palabra a la mente como para poder definirme.
Bueno si, normal, yo me considero normal.
Pero sólo sé que he hecho muchas cosas en mi vida, que a mi parecer eran totalmente normales, pero que a la gente le sorprendía bastante, así que hasta de dudo de mi supuesta normalidad.
Desde pequeño que he crecido escuchando el nombre de Madonna por aquí, Madonna por allá. Crecí viendo a mi tía Esther, a la que llamo sólo Esther porque desde siempre me negó a llamarle tía, por motivos que ahora no vienen al caso, pero que ya profundizaré en alguna otra ocasión, imitando a Madonna. Nos sentaba a todos en el sofá y nos cantaba el “Like a Virgin”. Y es que una peculiaridad de mi familia es lo que nos gusta cantar, y mucho, independientemente del nefasto talento que tengamos para ello.
Realmente yo creo que nunca la he visto haciendo una de sus famosas actuaciones, pero hay cosas que nunca se olvidan y cada poco tiempo se recuerdan en las conversaciones familiares, y esta es una de ellas, así que no sé, si es que realmente me acuerdo, o de tantas veces escuchar el mismo recuerdo mi prodigiosa mente se ha creado un propio recuerdo.
El caso es que poco a poco me fui convirtiendo en un fan de ella, esa mujer me tenía absorbido, y es que a mi como adolescente me fascinaron todos los logros que había conseguido. Por suerte ahora ya no, pero si, lo reconozco, era una obsesión casi enfermiza. Por eso hoy en día yo entiendo a los fans de Justin Bieber o Lady Gaga, porque yo hubiese matado por Madonna. Fan de Lady Gaga, no te preocupes, aquí tienes un amigo!
Así que justo cuando cumplí los dieciocho años, coincidiendo que Madonna estaba de gira, que España no entraba en sus planes, que la ciudad más cercana donde actuaba era en Roma, y que nadie que yo conociera estaba dispuesto a pagar los ciento veinte euros que costaba la entrada, pues cogí un avión y para allá que me fui. Yo solo, con dieciocho años cogiendo un avión hacia Roma para ver un concierto.
Normal, digo yo. Como no iba a ir a verla? Es como si ahora a Dios, después de comprobar como ha cambiado el paraíso terrenal que una tarde, aburrido, solo, y allá perdido en el espacio, creó, decidiera hacernos una visita. Como no irían los católicos a verlo? Bueno, católicos y no católicos la verdad, porque yo si Dios bajara al mundo a vernos, no me lo perdería por nada del mundo. Sería todo un espectáculo. Fuegos artificiales, nubes de algodón como asientos, ángeles bailando, música celestial.
Pues no sé, yo recuerdo que eso fue un gran hit en mi vida. No ya para mí, si no para la opinión pública que se genera sobre mi persona. Que digo yo que generará alguna, porque si no, ya me diréis que sentido tiene la vida. La gente me decía que estaba loco, que como me atrevía, que como me había dejado mi madre. Y es que la diferencia, supongo yo, que hay entre mi madre y las demás madres del mundo, es que yo nunca le he pedido permiso a mi madre, yo sólo le informaba de mis movimientos en la vida. Claro, movimientos siempre acordes a mi edad, y es que si tenía dieciocho años ya, y el dinero suficiente como para irme? Con que motivos me lo hubiera negado? Por eso no podía entender la pregunta de cómo era posible que mi madre me dejara.
Y es que mi madre mola.
O por ejemplo aquella vez que trabajando en un hotel, realizaron un Casting para un concurso televisivo, y me cogieron a mi.
Yo trabajaba en un hotel de Valencia donde cada dos semanas venían a hacer este Casting. Como camarero que era, soy, y parece ser que seguiré siendo el resto de mi vida, les servía la comida a los organizadores, y por cosas de la vida nos llevábamos muy bien. Nuestro supuesto chip de compatibilidad se había encendido, y un día me propusieron que fuera a participar al programa.
Al principio me negué, pero me insistieron tanto que al final acepté.
Pues bueno, otro hit en mi vida. Otra vez, que qué loco estoy, que qué vergüenza, que como me puedo atrever. Para mi fue algo normal, fui, participé, perdí y ya está. Pues se ve que tuve que estar graciosísimo porque todos los que me vieron me dijeron que se habían muerto de risa. Estuve normal, como soy yo, pero creo que mi forma de ver la normalidad no es la misma que la del resto, si no, no me lo explico.
A mi hermana Yaiza, puede que cuando tuviera 4 o 5 años, una vez Esther y yo le hicimos la mejor broma del mundo. Yo es que solo de recordarla me entra la risa. A mi tía y a mí se nos ocurrió recrear la escena de un crimen, cogimos una bandeja de hígado de cerdo, y con la sangre que había en ella me embadurné el cuerpo. Esther embadurnó un cuchillo, y se sentó a mi lado. Cuando entró a la cocina, yo me hice el muerto y Esther llorando le dijo que había tenido un accidente, y que me había matado.
Mi hermana se puso a llorar, primero no sé lo creía pero nuestra actuación fue tan profesional, que acabó creyéndoselo y llorando, cogiéndome y intentando despertarme, hasta que mi tía y yo ya no pudimos más de la risa y empezamos, a como se dice vulgarmente, partirnos el ojete. Yaiza se enfadó muchísimo.
Será que no era una broma tan normal al fin y al cabo, porque cuando yo la contaba a mis amigos, como la mejor broma del mundo, ellos la encontraban toda una crueldad. Crueldad, si, pero todos se reían.
A veces, cuando digo lo que pienso y veo la reacción en los demás, enseguida me arrepiento de haberlo dicho, porque resulta que lo que he dicho no es tan normal como a mí me lo parece. Yo pienso de una manera, e inconscientemente pienso que todo el mundo piensa como yo. Pero es que si lo pienso bien, solo puede existir mi pensamiento. El otro día afirmé que a mí me excita el noventa por cien de la población, y vamos, es que es verdad, es lo normal. Otra cosa es que lo digan o no. Y si no, porque se rieron todos con la macabra broma que le hicimos a Yaiza?
En el fondo esa es mi esperanza, que todos sean como yo y que por esos motivos que la moralidad y la ética nos ha inculcado, no expresen sus pensamientos con total libertad.
Si no fuera así, si que necesitaría urgentemente el chip de la compatibilidad, porque si tuviera que esperar a encontrar a alguien que encontrara normal las mismas cosas que yo, podrían pasar décadas, y la verdad, no sé vosotros, pero a mí el tiempo me asusta.
Y esto es muy curioso, o al menos a mi me lo parece. Porque yo no temo a la muerte, sé que llegará algún día, y bueno, encantado de haber formado parte de este proceso llamado vida. A mi lo que me asusta es el tiempo, todo lo que todavía me queda por vivir. Que se dice pronto, pero si ponemos que me muero a los ochenta años, todavía me quedan más de cincuenta años por vivir, y no sabéis el agobio mental que me entra. Que hago yo durante cincuenta años?
Pero al mismo tiempo me da miedo morirme mañana, por ejemplo, y es que me doy cuenta que ni uno mismo se conoce, que en el fondo somos dos personas en una, la buena y la mala, y nos pasamos la vida discutiendo con uno mismo, un pulso continuo que según quién vaya por delante será lo que te defina como persona. Cuando el pulso termina, la guerra ha terminado, y estas en paz.Estas muerto.
La muerte es paz.
Y esta es mi reflexión nocturna, es increíble el camino que recorre la mente, y las deducciones que pueden llegar a hacerse a partir de un simple pensamiento. Y es que qué es la filosofía si no la búsqueda de respuestas a lo desconocido?
2 comentarios:
llegirte es com tenirte ese ratet al meu costat i en las nostres xerradetas tan efimeras que cuan podem, tenim.. un plaer com semppre!!
es que en lo efimero esta la esencia jaja
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