jueves, diciembre 22, 2011

Reflexiones Nocturnes.

Introducción.

Después de un verano de extrema locura, llegando a casa a las ocho de la mañana el noventa por ciento de las noches, ha llegado el invierno. Bueno, primero ha pasado el otoño, pero por desgracia no he nacido en Nueva York y no puedo pasear por el Central Park y así darme cuenta del paso de las estaciones según el color de las hojas de los árboles.
Estoy seguro que darte un paseo por el parque, con todas esas hojas de color amarillo, rojas o marrones, debe ser toda una gozada para los sentidos arácnidos de cada persona, pero aquí en el Mediterráneo, nuestros desprotegidos pinos, que se pasan el año preguntándose cuando les tocará su turno y ser pasto del siguiente incendio forestal, no cambian de color. Son verdes todo el año. Son unos pinos aburridos, que no hacen nada para divertirnos, a nosotros los humanos, dueños y señores de este planeta que tanto nos gusta maltratar.
Y si cambian, la verdad que yo no me doy cuenta.

Otra cosa que me impide diferenciar entre otoño e invierno, es que yo paso directamente de ir con mil capas de ropa, a ir en manga corta. Y viceversa. Soy un hombre, o al menos, espero serlo algún día. Un hombre que va de un extremo a otro. Frío o calor. Así soy yo.
En invierno, soy el que más calor tiene, la temperatura entra en mi organismo y creo que se propone derretirme todos los órganos internos. Por suerte, mi cuerpo es más listo de lo que parece, aunque quién lo diría con la cantidad de movimientos torpes y desacompasados que suele hacer, y lucha contra el calor sudando como un condenado. A final de cada verano yo creo que todas mis células hacen una reunión clandestina. A ver, cuantos litros de sudor hemos expulsado este año? 50 litros? Pues el año que viene todavía más! Y ese es el motivo por el que cada año sudo y sudo más. A veces, tengo la sensación de que si viniera un gigante y me escurriera como a una toalla, podría llenar una piscina.


En invierno, pasa todo lo contrario. El frío me paraliza. A mí y a mi cuerpo que no sabe cómo luchar contra él, y es que pasarse todo un verano expulsando litros de sudor, tiene que ser agotador. Al menos me queda mi mente, la cual pensó que lo mejor sería ponerme ropa, ropa, y más ropa para combatir las bajas temperaturas. Y es que no me he ganado el apodo de “El Cebolleta” en más de una ocasión en balde. Bueno, no sé si me llaman así, o no, pero yo me lo imagino y con eso ya tengo bastante. Además, que sería todo un acierto llamármelo.
Lo malo de estos cambios de temperatura, es que por ejemplo, en invierno, llevo tanta ropa que me veo en el espejo y me veo con un cuerpo magnífico. Una percha perfecta a la que todo lo queda bien. Si, en invierno tengo una pinta estupenda.

Claro, de repente llega el verano, y toda la ropa de invierno se queda guardada en el armario esperando a volver ser usada. Ya no soy “El cebolleta”, y la forma de mi cuerpo disminuye hasta adoptar el tamaño del cuerpo de un debilucho quinceañero. Poco a poco me voy acostumbrando a mi nuevo cuerpo, y al final del verano vuelvo a sentir que tengo un cuerpo estupendo, flaco, sin barriga. Mi cuerpo es lo más, si, lo sé. Y de repente, pimba! Llega el invierno otra vez y tengo que volver a ponerme cinco jerséis para combatir el frío, me miro al espejo, y que es lo que veo? Un gordo!


Ha llegado el invierno, la temporada de verano ha terminado, y con ella las intensas noches de fiesta que me acompañaron durante cuatro meses.
Pero después de tanto tiempo viviendo al revés, durmiendo por el día, y viviendo por la noche, ahora me resulta imposible acabar de trabajar, llegar a casa a las doce y media de la noche y ponerme a dormir. No, mi cuerpo pide marcha.
Así que en vez de acostarme e intentar conciliar el sueño, me pongo a cocinar, normalmente platos de espaguetis en sus mil y una variantes. Espaguetis con salsa Solis, espaguetis a la carbonara, espaguetis con salsa de cuatro quesos Carrefour, espaguetis con atún…cuando se vive sólo, y tu madre no está cerca para cocinarte, no sabéis la de salsas que se te pueden ocurrir con los cuatro alimentos que tienes en la nevera. Dos de ellos, podridos, y los otros dos caducados.

Echas de menos las comidas calientes de tu madre, o en mi caso, las de mi abuela, porque mi madre siempre le ha tenido un cierto pavor a eso de cocinar.
Cuando vivía en Valencia, y volvíamos después del fin de semana a nuestro piso de estudiantes, yo llegaba a casa y directamente me iba al sofá a ver la tele. Mis amigos llegaban media hora después. Claro, llegaban con una maleta entera de tuppers que les habían preparado sus excelentes madres cocineras y tenían que organizarse la nevera y el congelador.
Que engañado me había tenido mi madre durante toda mi vida, diciéndome que las madres de hoy en día ya no cocinaban!! Por suerte toda mi infancia comí en el comedor del colegio, y gracias a Amparo y compañía me alimenté de aquella manera.

He crecido con una comida diaria. Porque en mi casa se desayunaba un vaso de leche bebido, a secas , con tres cucharadas de Nesquik, ni una más ni una menos. Era la táctica de mi madre para encontrarle el sabor perfecto a la leche. Con una cucharada menos se notaba demasiado el sabor de la leche, y a mi madre le daba asco la leche blanca, y con una cucharada más sabía demasiado a chocolate.
El almuerzo? Esto ya si que fue un trauma para mí. A la hora del patio, todos mis compañeros sacaban de sus mochilas un bocadillo a ver cual de ellos estaba mas bueno, había mucho amor de madre invertido en esos bocadillos. En mi mochila había como mucho un paquete de galletas, y un zumo, y si lo había. Así que me pasé años y años pidiéndole mordiscos a todo el mundo. Al final le cogí el gustillo y acababa almorzando más que todos, y además un almuerzo más variado.
A la hora de la merienda, más de lo mismo. Y por la noche, para rematar el día, otro vaso de leche, pero esta vez con cereales. Después de un duro día, creo que mi madre debía pensar que nos habíamos ganado esa gran cena. No sabéis como me sorprendí cuando me enteré que las madres de mis amigos, no solo cocinaban a mediodía, sino que también por la noche! No me lo podía creer!!
A pesar de ello, no entiendo cómo podía ser un niño gordito. Incoherencias de esta vida, supongo.


Tenía el pensamiento dividido, yo quería mi madre cocinara como todas, que suerte tenían los otros, pero al mismo tiempo pensaba que tenía una madre más guay que el resto por el hecho de ser diferente, mi madre era una mujer independiente que no había sucumbido al típico papel de la perfecta ama de casa, aunque ello supusiera una dieta basada en los vasos de leche.


Mi madre molaba. Las madres de mis amigos eran de la asociación de padres, mi madre no. Las madres de mis amigos recogían a sus hijos a la hora de salida, mi madre no. Total, vivíamos al lado, asi que podía ir andando. Mi madre molaba tanto que una vez, todas las madres de la clase habían quedado en disfrazarnos a todos de magos en Carnaval, y se olvidó. Y ya os podéis imaginar mi cara cuando, siendo un inocente niño, vi a toda mi clase disfrazada de un increíble disfraz de mago azul eléctrico con estrellas de oro brillando, y que mi madre se había olvidado. Os juro que me quedé de piedra, se me vino el mundo abajo.
Lo único que pensaba era la pena que sentirían las demás madres de mí, al tener una madre que se olvidaba del disfraz de su hijo, pero por suerte la madre de mi buen amigo David tenía otro disfraz en casa. Pero de cocinero!! Aquello ya fue la repanocha, todos de magos y yo de cocinero. Estaba igual que Arguiñano. Hay una foto que recuerda aquel día, y no veáis lo que destaco yo entre tanto pitufo.


Pero mi madre molaba, eso solo eran pequeños gajes de ser una mujer libre e independiente, y por eso aquel olvido sólo fue una anécdota más. Yo pertenecía al sector guay de la clase, no quiero ni pensar el trauma que le hubiéramos creado a Noel o Pedro si sus madres se hubieran olvidado de su disfraz.


Después de cocinar mis espaguetis cada noche, me tumbo en el sofá y me enchufo la tele. He descubierto “La 2”, este canal es la bomba y me lo quedo mirando durante horas, pero llega un momento de cada noche, desde hace ya unas cuantas semanas, en el que no se porqué, pero me pongo a reflexionar. Reflexiones nocturnas.Cualquier tema es válido. Son preguntas que me planteo de repente, a las que intento buscarle una respuesta. Algunas respuestas son bastantes obvias, pero otras son auténticas proezas mentales. Se me ocurren ideas. Ideas descabelladas. Ideas sin sentido. Ideas geniales.


Son pensamientos que estoy seguro que todo ser humano ha pensado alguna que otra vez en sus vidas, pensamientos que no quiero que queden en el limbo, y por eso me dispongo a escribirlos aquí, a modo de homenaje a mi mente y a mí mismo. Porque las palabritas se la lleva el viento, y con los pensamientos pasa lo mismo, y como para algo se inventó la escritura, pues aquí va a quedar plasmada mi filosofía mental.

5 comentarios:

Alby dijo...

Me encanta esta nueva seccion!!!!! I love it!

Sigue asi! con tus reflexiones nocturnas, seguro que todas interesantes!!

Un besito en el culito!

Álvaro dijo...

uhmmmm gracias alba!!! jajaja

A L E X dijo...

Estic ansios per llegir el siguient capitul!

Com be diu Alby, interesantes 100% seran les teues reflexion, a la par que divertides i en uns bons tocs que em proporcionen alguna carcajà que atra tan necessaries per a seguir viu!!

Cristina dijo...

Com sempre Alvaro has estat sembrat, i has sabut traure en cada paragraf que anava llegint una rialla d'allò més contagiosa!! m'ha encantaaat!!

vullc continuar sabent les teues reflexions mentals nocturnees!!!

Un beseeet!!

Jose dijo...

Son los 5 minutos del día que te recuerdan que eres ser humano y que tenemos un subconsciente que recoje de una manera objetiva y algo peculiar nuestras huellas del camino de la vida...

Me siento orgulloso de tener un primo así! espero que esto no decaiga, y nos desconectes del mundo esos 5 minutos al día... un abrazo! ;)