Piensa que te pensaré. No sabéis la de pensamientos que han rondado todo este tiempo por los entresijos de mi siempre sorprendente mente. Este verano esta siendo un sin fin de pensamientos, luchando todos entre ellos a ver cual es mejor que el otro.
Pero como yo les digo, ninguno es mejor que otro, todos me aportan algo diferente, y todos contribuyen a que mi conocimiento personal, vaya en aumento sin cesar.
Con cada pensamiento, me conozco más a mi mismo, a mis límites y posibilidades, y es que según mi propia filosofía, uno alcanzará todo aquello que se proponga cuando realmente se conozca a si mismo.
Somos personas solitarias, huimos de algo que no sabemos exactamente lo que es, y puede que no queramos ver, que de aquello que huimos somos nosotros mismos.
No hablo de todas las personas, obviamente. Hablo de mi mismo, y de aquellos que un día se fueron de casa.
La otra noche salí de fiesta, con dos amigos, y por motivos de salud, solo bebí una Cocacola. Las anginas, volvieron a visitarme, pero esta vez las ataqué a tiempo y con rapidez, y no quería que nada ni nadie interrumpiera mi batalla contra ellas. Así que allí me vi, en medio de un festival, rodeado de conocidos, y dándole a mi mente uno de sus mayores placeres. Un alrededor perfecto para ser analizado, estudiado, y sacar conclusiones. Actividad que tanto me gusta hacer, para después compartir mis nuevos conocimientos con otros seres humanos.
Aunque suelen ser tan desgarradoras mis conclusiones, que no dan pie a crear una larga conversación, pues son tan ciertas que poco más hay que añadir.
Todos los allí presentes, teníamos algo en común. Nadie era de aquí. Todos, por unos motivos u otros hemos abandonado el nido. Estamos solos. Nos conocemos todos, sabemos quienes somos, pero somos desconocidos en el fondo.
Somos personas solitarias que huimos de algo. Cada uno tiene su motivos, motivos personales que diría Lydia Bosch. Y es que con Bosch, tu cocina es la mejor. Pero dejando el humor a un lado, esa conclusión fue la que saqué allí en medio de la fiesta.
Lobos solitarios que abandonamos nuestro hogar, y coincidimos durante 4 o 5 meses en Ibiza, creando una falsa ilusión de familia. Porque aunque solitarios, necesitamos querer y ser queridos, aunque para ello tengamos que recurrir a una falsa realidad.
Como dice una muy buena amiga, entre invisibles nos vemos.
Este pensamiento, me dio mucho juego. Pues de aquí, surgían otros sin parar. Y es que todo solitario esconde un oscuro interior. O al menos, en mi caso.
Una vez leí una frase que me dejó patitieso, y que decía algo así como que no hay mayor temor, que los propios pensamientos de uno. Solo uno sabe de lo que es capaz y de lo que esconde dentro de su cabeza. Todos tenemos una máscara, un personaje que interpretamos constantemente en este teatro que vivimos, y que solo nos quitamos una vez llegamos a casa.
Con pocas personas llegamos a quitarnos esa máscara, y son esas personas, con las que dejas de interpretar a tu alter ego, las que llamamos amigos. Es muy difícil, quitarte el disfraz y ser tu mismo, por eso la famosa frase de que los amigos se cuentan con los dedos de una mano, y a veces, te sobran dedos.
También leí, que la vida es como el trayecto de un bus. Subes, pero sabes que algún momento llegará la parada final, y durante el trayecto subirán y bajaran otras personas que compartirán ciertos tramos del trayecto. Por suerte, en mi trayecto personal, han subido y han bajado muchas personas, pero estoy agradecido a todas y cada una de ellas, pues cada persona me ha aportado los recursos necesarios para crecer como ente en ese momento.
Siempre, a lo largo de mi vida, ha habido una o varias personas con las que he podido compartir el momento sin máscara alguna, y eso es algo de lo que estoy muy agradecido.
Creo que con cada persona que se sube en tu trayecto, hay un intercambio de energía, conocimiento y sabiduría, que finaliza cuando se ha exprimido al máximo, y llega el momento de cerrar un ciclo y empezar uno nuevo con otras personas.
No es que lo crea, lo sé. Y es la conclusión que saco tras analizar todas las personas que han compartido un espacio tiempo en mi vida.
Y como siempre, todo acaba envolviendo a Ibiza. Y es que aunque estemos solos, no tengamos familia, y seamos unos desconocidos para la mayoría, Ibiza nos permite quitarnos el disfraz que llevamos puesto, y dejar en casa a nuestro personaje. Y como dice la persona que se acuesta y se levanta cada día a mi lado, en Ibiza todos tenemos el tejado de cristal, así que quién este libre de pecado, que tire la primera piedra. Pero con cuidado.
4 comentarios:
precios alvaro... ma encantat
gracies pilarica!!jajaja
Ole! Que grande!
Ole! Que grande!
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